RICHARD ARÉVALO
UKU PACHA
Curaduría: Pancho Casas

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"Vivimos por un instante, sólo para caer en el completo olvido y el vacío infinito de tiempo de esta parte de nuestra existencia”

Marco Aurelio, (121-180)

Entendiendo los devenires de las artes visuales actuales como un sistema de microrrelatos entrelazados, citas amorosas y lo inconmensurable del deseo y su representación perversa, es que pienso, leo más bien, sobre la obra visual “Uku Pacha”, muestra individual del artista piurano Richard Arévalo Olivos como un pastiche alucinante de representaciones que van desde los cristos erotizados de Pool Gauguin a la icónica carne de Francis Bacon y su puesta en escena de lo divino/perverso a través de su cartografía expandida de retratos papales, estas, sus obras, tecnificadas en la fragilidad del origami nos hablan de la ruta crítica de la vida, del instante, de las horas contadas y todo pasado heredado, revisado y puesto en escena como un presente utópico perdido, esta vez en forma de cuerpo delictivo, en busca del tiempo perdido a decir de Proust.

Lo obsesivo de su mano de obra conjuga lo andino y su enigmática cosmogonía, el Uku Pacha y el Hanan Pacha, esta vez, alejado de la talla de la piedra y el ladrillo de barro, recurrentes cansancios en el arte actual peruano; materialidades, ahora de contemplación turística, que dieron origen a la codicia de los colosales templos y palacios incaicos que devinieron en ruinas para su capturación fotográfica, Richard Arévalo, sin equívoco y con maestría alucinante se aboca a la blandura del papel, al dobles y el pliegue, al recorte de tijera, en cada repliegue que el dobles consigue hay un paréntesis a la historia oficial, surgen las políticas del cuerpo, las colonizaciones macabras, el cuestionamiento a la vida simbolizada en el útero por la soledad de un nonato, “Las venas abiertas de América Latina” armada de tachaduras, naufragios, entierros y desentierros.

En una de las salas una perra ahorcada exhibe sus metáforas, cuelga con un feto humano en su panza, alusión directa a la criminalidad de Sendero Luminoso durante la guerra interna del Perú, a las esterilizaciones forzadas a mujeres indígenas por parte del estado dictatorial, cuando los terroristas señalizaron la advertencia asesinando a las mascotas y colgándolas de los postes del alumbrado en los parques de lima, llevados luego como iconografía del mal por el artista Alfredo Márquez al recorte de sus siluetas en planchas de bronce, “Grabado en la mente” 2012, de ahí, tal vez, como advertencia al espectáculo burgués de la galería de arte y su brindis de inauguración.

La muestra de Richard Arévalo nos hace viajar hacia abajo, hacia lo profundo, hacia el subconsciente Lacaniano, al Uku Pacha, lugar sumergido y femenino, hacia abajo, insisto, dónde está lo polígamo de lo sexual obstaculizado por todas las realidades del alumbrado público de la superficie (Hanan Pacha), por las trampas indecentes de la fe. Richard Arévalo andiniza el arte europeo del siglo XX, lo re/inaugura en su territorialidad indo americana, incorpora a su “talla”, en papel, el icónico urinario de Duchamp como un huaco mochica “andinizándolo”, re significando sus mestizajes, dando cuenta de la fragilidad de la materialidad en, o en las representaciones folklorizadas en la habitualidad del paisaje visual moderno peruano, en otra de las piezas podemos presenciar la escultura “La mano” de Alberto Giacometti (1947), en una peculiar y atemorizante danza del vacío como si de una representación butoh se tratara, una señalización de lo frágil del papel travestido que simula y se sueña en el bronce cuestionando los sistemas de poderes y representaciones, un elocuente signo pare frente al tráfico de lo público, Arévalo no se apropia de esta imagen, solo la captura para soltarla. Capturar y soltar, multiplicidad de desprendimientos, soltar y capturar la imagen nuevamente para producir el rizoma que convoca en esta muestra, liberar la forma hacia otras subjetividades, otras presencias y formas de contemplación de lo ya visto y palpado. Todo lo capturado en esta muestra finalmente se libera.

Francisco Casas, Lima

Pancho Casas

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